Transformación digital: el nuevo lenguaje de los negocios

Transformación digital: el nuevo lenguaje de los negocios

Por: Norberto Saraceni, socio a cargo de transformación digital y GRC en Baker Tilly Argentina.

Hay palabras que se convierten en parte del ADN empresarial moderno, pero pocas han sido tan desafiantes y transformadoras como “transformación digital”. En el contexto actual, no es una opción, es una necesidad. Precisamente, este fenómeno está remodelando los negocios en América Latina.

Mucho más que tecnología

Lo primero que hay que tener en cuenta es un error muy común que se comete. Este es pensar que transformación digital es sinónimo de comprar tecnología. Si bien la tecnología es uno de los pilares esenciales, no es el único. Una verdadera transformación digital se sustenta en tres grandes columnas: la tecnología adecuada, procesos robustos y el recurso humano preparado.

El desafío para muchas empresas radica en alinear estos tres elementos. No se trata solo de incorporar un nuevo software, sino de entender cómo ese software mejora los procesos existentes y cómo los equipos humanos pueden adoptarlo, usarlo y aprovecharlo.

En nuestra experiencia, hemos visto que en el ecosistema empresarial latinoamericano es común implementar herramientas digitales sin una planificación previa. Esto porque, cuando se habla de transformación digital, muchas empresas actúan por impulso. Ven que una tecnología funcionó en otro lugar y quieren replicarla sin adaptar el contexto. Eso es lo que no debe hacerse.

La planificación se convierte así en el primer paso hacia una transformación digital real. Esto incluye definir claramente qué se quiere transformar, establecer indicadores de éxito y diseñar un plan que involucre a todas las áreas impactadas. No es algo que se puede delegar por completo. La alta dirección debe involucrarse activamente, mostrar compromiso y liderar con el ejemplo.

El rol del liderazgo en la transformación digital

Pero, sin un liderazgo convencido, la transformación digital no avanza. En estructuras jerárquicas como las de muchas pymes o empresas familiares en Latinoamérica, el compromiso del directorio o de los dueños es clave para romper resistencias internas.

Cuando los empleados perciben que sus líderes están comprometidos con el cambio, se genera una sinergia que facilita el proceso. Caso contrario, las transformaciones quedan a mitad de camino. El liderazgo no se trata solo de aprobar presupuestos, sino de involucrarse, hacer seguimiento y comunicar la visión del cambio.

En nuestra región, la transformación digital avanza de manera dispar. Algunos sectores como las fintech o las startups nativas digitales están a la vanguardia, pero el grueso de las pymes aún muestra cierta lentitud. Esto no siempre es por falta de interés, sino por la complejidad de los procesos internos, el temor a la disrupción o la falta de información.

Por ejemplo, muchas empresas aún operan con ERPs desactualizados, sistemas sin soporte o tecnologías que ya no permiten integrarse con nuevas soluciones. Esto no solo limita la competitividad, sino que representa un riesgo operativo.

Aun así, se ve con optimismo el futuro. Estamos en un momento clave. Las empresas que se atrevan a dar el paso, con planificación y criterio, van a tener una ventaja enorme en los próximos años.

Medir el retorno, más allá de lo económico

Un aspecto fundamental en cualquier proceso de transformación es medir el retorno de inversión (ROI). Pero en esta medición hay que ir más allá de lo financiero. Los retornos pueden ser cuantitativos, pero también cualitativos. No todo se mide en dinero.

Por ejemplo, los indicadores pueden centrarse en mejoras de eficiencia, reducción de tiempos, satisfacción del personal, optimización del servicio al cliente o capacidad de adaptación al cambio. Si uno tiene bien definidos los tres pilares, puede establecer KPIs para cada uno: uso de tecnología, eficiencia de procesos y desempeño humano.

Un caso ejemplar

Como muestra del impacto de una transformación digital bien ejecutada, tuvimos el caso de una empresa con presencia regional que operaba sobre una plataforma tecnológica obsoleta. Estaban al límite. El sistema no les daba lo que necesitaban y había mucha incertidumbre.

El equipo de Baker Tilly acompañó a la empresa en todo el proceso: desde el mapeo de procesos clave hasta la elaboración de un RFP, selección de proveedores, planificación de la implementación y control de calidad. El resultado fue una migración exitosa hacia una solución robusta, escalable y alineada con las necesidades del negocio. Hubo una estrategia clara y compromiso real. Hoy esa empresa está mejor posicionada para crecer.

La transformación digital no es un destino, es un camino. Y ese camino se acelera cada día con la llegada de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, la automatización o el análisis avanzado de datos. En este sentido, el reto de las generaciones actuales es entender estos cambios, mientras que para los nativos digitales será parte de su lenguaje natural.

El futuro es digital por defecto. Las generaciones que vienen ya entienden que todo nace en formato digital. Nosotros todavía estamos en proceso de adaptación.

Por eso, el mensaje es claro: transformar digitalmente no es solo modernizar herramientas, es reinventar la forma en que las empresas piensan, actúan y se relacionan con su entorno. Y para hacerlo, se requiere visión, liderazgo, estrategia y, sobre todo, decisión.

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