Por: Moisés Pérez Marín, gerente de Recursos Humanos de Baker Tilly Costa Rica.
Durante décadas, la imagen del trabajador ideal estuvo asociada a una silla de oficina, un escritorio asignado y una jornada fija de ocho horas o más. La presencia física era sinónimo de compromiso, productividad y disciplina. Sin embargo, esta percepción ha cambiado drásticamente en los últimos años, especialmente a raíz de la pandemia, que aceleró transformaciones profundas en las metodologías de trabajo a nivel global.
Hoy, hablar de bienestar laboral y salud mental en las empresas exige, necesariamente, hablar de cómo han evolucionado los modelos de trabajo y del rol que estos juegan en la motivación, eficiencia y estabilidad del talento humano.
Un cambio inevitable: el impacto de la pandemia
La pandemia por COVID-19 marcó un antes y un después en la manera de operar de las organizaciones. Muchas empresas que nunca se habían planteado seriamente la posibilidad de implementar el teletrabajo se vieron obligadas a adoptar esta modalidad de forma abrupta. Fue una experiencia disruptiva, pero reveladora.
Durante este periodo, quedó claro que el control visual sobre los colaboradores no garantiza resultados. Al contrario, muchas organizaciones comprobaron que los equipos podían alcanzar —e incluso superar— sus objetivos desde entornos remotos, siempre que existiera una adecuada estructura, confianza y comunicación.
No obstante, con el levantamiento progresivo de las restricciones sanitarias, algunas empresas optaron por regresar a esquemas totalmente presenciales.
De la rigidez al equilibrio: el modelo híbrido
En Baker Tilly Costa Rica, comprendimos que la experiencia pandémica no debía ser vista como un paréntesis, sino como una oportunidad para redefinir la cultura laboral hacia esquemas más sostenibles y humanos. Por eso, adoptamos un modelo híbrido en el que priorizamos el trabajo remoto, sin perder de vista la importancia de la conexión presencial.
Nuestra experiencia ha demostrado que el modelo híbrido ofrece un balance saludable entre productividad, bienestar emocional y sentido de pertenencia. En lugar de exigir presencia física diaria, organizamos los equipos por días específicos para asistir a la oficina. Esto permite que los colaboradores coordinen con sus pares momentos de interacción estratégica, sin imposiciones innecesarias ni desplazamientos forzosos.
Este enfoque no solo ha tenido un impacto positivo en el ambiente laboral, sino que ha contribuido a reducir el estrés generado por largas jornadas, tráfico excesivo y desgaste físico. En Costa Rica, uno de los países con las jornadas laborales más extensas de la OCDE, este cambio es particularmente relevante.
Persisten aún paradigmas empresariales que ven el control presencial como sinónimo de eficiencia. En muchos casos, esto se traduce en jornadas prolongadas sin necesidad, ausencia de flexibilidad y una cultura de vigilancia constante. Estos modelos son especialmente problemáticos cuando ignoran las circunstancias del entorno y las necesidades reales de los colaboradores.
Hoy sabemos que obligar a una persona a movilizarse durante horas, para realizar tareas que puede desempeñar desde casa, no solo afecta su bienestar físico y emocional, sino que mina su motivación y rendimiento. Y si a esto se suma la falta de espacios de diálogo o comprensión por parte del liderazgo, los efectos negativos se multiplican.
La realidad es que el bienestar laboral ya no puede desligarse de la modalidad de trabajo, y las organizaciones que no reconozcan esta conexión corren el riesgo de perder talento clave y aumentar su rotación.
La flexibilidad como valor estratégico
La evolución de los modelos de trabajo ha puesto sobre la mesa una verdad ineludible: la flexibilidad no es un lujo, es una necesidad empresarial. Al ofrecer a los colaboradores la posibilidad de gestionar su tiempo, evitar desplazamientos innecesarios y equilibrar su vida personal con la profesional, las organizaciones obtienen a cambio mayor compromiso, creatividad y lealtad.
En Baker Tilly, esta flexibilidad va más allá del lugar desde donde se trabaja. Hemos implementado días especiales de desconexión, con el fin de que nuestros equipos recarguen energías sin culpa ni interrupciones. También promovemos el respeto por los horarios personales, la asistencia a citas médicas sin burocracia y el acompañamiento para quienes estudian o atraviesan situaciones personales complejas.
Todo esto responde a una visión de liderazgo que entiende que el colaborador es un ser integral, con múltiples dimensiones, y que cuando se siente comprendido, seguro y valorado, ofrece lo mejor de sí a la organización
¿Cómo acompañamos a otras empresas en esta transición?
Sabemos que no todas las empresas tienen el mismo punto de partida, ni las mismas condiciones operativas. Por eso, desde Baker Tilly también acompañamos a organizaciones que desean transitar hacia modelos más flexibles y sostenibles. Hemos trabajado con empresas que pasaron de esquemas 100 % presenciales a ofrecer, por ejemplo, un día de teletrabajo a la semana.
Aunque parezca un cambio menor, este tipo de medidas genera un impacto inmediato en la motivación y en la retención del talento.
También brindamos asesoría en la creación de políticas de flexibilidad horaria, modelos híbridos adaptados al giro del negocio, y formación para líderes que deben aprender a gestionar equipos en entornos menos tradicionales.
La clave está en entender que la evolución de los modelos de trabajo no es solo una respuesta a una crisis sanitaria, sino una oportunidad para redefinir cómo queremos trabajar y cómo queremos que nuestras organizaciones prosperen.

