Por: Christopher Rugama, encargado del Departamento de Impuestos de Baker Tilly Costa Rica
La transformación digital del Ministerio de Hacienda avanza con fuerza. EL nuevo sistema, Tribu-CR, que entrará a regir a partir del próximo 6 de octubre del 2025, es solo el primer paso visible de un ecosistema más amplio que incluye herramientas como ATENA (para la administración aduanera) y CERTEZA (para la gestión financiera del Estado y de recursos humanos, respectivamente).
Pero, más allá de la tecnología, lo que está en juego es la forma en que el Estado y los contribuyentes se relacionan.
¿Estamos frente a un modelo tributario más transparente, más justo y más eficiente? ¿O simplemente ante una versión más tecnológica del miedo al “ojo fiscal”? La respuesta depende, en gran parte, de cómo se implemente y comunique este cambio, y de cómo lo asuma el contribuyente.
Lo cierto es que la digitalización ofrece ventajas indiscutibles. Expedientes tributarios digitales, trazabilidad automatizada, control en tiempo real, integración con otras instituciones como la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) o la Promotora de Comercio Exterior (Procomer), eliminación del papel y centralización de las comunicaciones. Todo esto permite agilizar trámites, reducir errores y cerrar las brechas por donde históricamente se ha escapado la evasión fiscal en el país.
Pero también implica una exposición total. Ya no se depende del fiscalizador que toca la puerta, sino de un sistema que detecta desviaciones sin necesidad de interacción humana. Las inconsistencias se evidencian de inmediato, los errores no pasan desapercibidos, y las respuestas deben ser oportunas y bien documentadas.
Es entendible que esto genere temor en algunos sectores de contribuyentes. Pero la intención detrás de Tribu-CR no es sancionar, sino ordenar. Por eso, desde Baker Tilly Costa Rica reconocemos y valoramos los esfuerzos que la Administración Tributaria costarricense ha hecho para acompañar a los contribuyentes en este proceso. Entre ellas, capacitaciones masivas, alianzas con cámaras, colegios profesionales y plataformas especializadas. Incluso se han realizado pruebas piloto con contribuyentes reales para adaptar las nuevas declaraciones a la realidad del usuario.
Además, herramientas como el “vector tributario”, que indicará automáticamente a cada contribuyente cuáles son sus obligaciones según su actividad económica, representan un cambio de paradigma. Ya no se trata solo de castigar al que incumple, sino de guiar al que quiere cumplir. Esa es la base de una verdadera cultura tributaria.
El reto, sin embargo, no es solo técnico. Requiere también una evolución cultural. El contribuyente debe dejar de ver a Hacienda como una amenaza y empezar a verla como un socio que le exige, pero también le orienta. Por su parte, Hacienda debe seguir demostrando que este nuevo modelo está al servicio del cumplimiento, no de la persecución.
En Baker Tilly Costa Rica creemos que es posible construir una relación más madura, más eficiente y más transparente entre Estado y ciudadanía. Pero eso requiere tiempo, diálogo y confianza. Y, sobre todo, requiere que ambas partes, tanto Hacienda como los contribuyentes, estén dispuestas a hacer bien las cosas, desde el inicio.
En Baker Tilly Costa Rica nos hemos capacitado, y entendemos los nuevos cambios, para acompañar a nuestros clientes a convertir esta exigencia normativa en una ventaja organizacional. Porque Tribu-CR no es solo un nuevo sistema: es una oportunidad para evolucionar hacia una gestión tributaria más transparente, más robusta y más confiable.

