Por: Moisés Pérez, gerente de Recursos Humanos de Baker Tilly Costa Rica.
Cuando se habla de riesgos laborales, muchas empresas aún piensan en infraestructura, protocolos de seguridad física o cumplimiento básico de normativas. Sin embargo, esa visión resulta cada vez más incompleta frente a la realidad actual de las organizaciones y sus colaboradores.
Los riesgos laborales han evolucionado. Y con ellos, su impacto en la continuidad del negocio.
Hoy, factores como la salud mental, el estrés y los accidentes fuera del entorno inmediato de trabajo están redefiniendo la forma en que las organizaciones deben abordar la gestión del riesgo. Ignorar esta transformación no solo es un error operativo, sino una amenaza directa a la sostenibilidad empresarial.
Los riesgos laborales más subestimados
Desde la experiencia de Baker Tilly Costa Rica, uno de los riesgos laborales más subestimados en la actualidad es, precisamente, la salud mental.
Las cifras lo evidencian. Miles de incapacidades laborales están vinculadas a este factor, generando pérdidas millonarias en productividad. Pero más allá del impacto económico, el problema radica en que muchas organizaciones aún no cuentan con mecanismos para identificar, gestionar y prevenir estas situaciones.
El error más común es asumir que, si el colaborador cumple con sus funciones, todo está en orden. La realidad es distinta. Una persona puede mantener su desempeño mientras enfrenta situaciones de estrés, ansiedad o desgaste, hasta que eventualmente el sistema colapsa.
En ese punto, la empresa no solo pierde productividad. También enfrenta ausencias prolongadas, rotación y deterioro del clima organizacional. Y el colaborador pierde su salud física y emocional.
Accidentes asociados al traslado
A esto se suma otro fenómeno que va en crecimiento dentro de los riesgos laborales. Se trata de los accidentes laborales asociados al traslado de los colaboradores hacia y desde sus trabajos. El aumento de incidentes en carretera, especialmente en motocicleta, ha generado un impacto significativo en las organizaciones, dado que estos eventos también se consideran riesgos laborales cuando ocurren en trayecto hacia o desde el trabajo.
El problema es que muchas empresas no integran este tipo de variables dentro de su estrategia de gestión de riesgos. Continúan enfocándose en el entorno inmediato, dejando de lado factores externos que inciden directamente en la operación.
Aquí es donde el enfoque preventivo cobra relevancia. Sin embargo, la realidad muestra que una gran parte de las organizaciones sigue actuando de forma reactiva. Esperan a que ocurra un incidente, una demanda o una sanción para tomar medidas. Y en ese momento, el costo ya es significativamente mayor.
Firmas como Baker Tilly Costa Rica han identificado que la prevención no solo reduce riesgos, sino que representa una inversión más eficiente que enfrentar consecuencias legales o financieras posteriores.
Esto implica ir más allá del cumplimiento mínimo. Significa revisar condiciones laborales, implementar políticas de bienestar, evaluar cargas de trabajo, promover esquemas de flexibilidad y, sobre todo, escuchar activamente al colaborador.
Porque, al final, la gestión de riesgos laborales está profundamente vinculada con el clima organizacional. Un entorno donde el colaborador no se siente escuchado, respaldado o valorado es, en sí mismo, un factor de riesgo.
Las consecuencias no tardan en aparecer. Se ven en agotamiento, desmotivación, conflictos internos y, eventualmente, pérdida de talento.
Entorno regulatorio y cambio de enfoque
Además, el entorno regulatorio avanza. Nuevas disposiciones en materia laboral, salud ocupacional y condiciones de trabajo obligarán a las empresas a adaptarse con mayor rapidez. Aquellas que no lo hagan enfrentarán no solo sanciones, sino también un deterioro en su reputación.
El desafío, entonces, es cambiar el enfoque. Pasar de una lógica de cumplimiento a una de gestión integral del riesgo.
Esto implica anticiparse a los cambios, invertir en prevención y entender que el bienestar del colaborador no es un tema aislado, sino un componente clave del negocio.
También supone reconocer que los riesgos laborales no terminan en la puerta de la oficina. Se extienden a la vida cotidiana del colaborador, a su salud emocional y a su entorno.
En este contexto, la consultoría especializada juega un papel determinante. No solo para cumplir con la normativa, sino para diseñar estrategias que integren todos estos factores dentro de la operación empresarial.
Los riesgos laborales ya no son un tema secundario. Son un indicador directo de la salud de la organización. Y en un entorno cada vez más complejo, las empresas que logren gestionarlos de forma integral no solo reducirán contingencias, sino que estarán mejor posicionadas para garantizar su continuidad y crecimiento. Porque, al final, proteger al colaborador es también proteger el negocio.

